viernes, 20 de marzo de 2009

Una comedia, una tragedia y 3 minutos de aflicción

Una habitación a medio iluminar y con papeles por doquier

y una radio a medio tono, casi mudo sonido como música de fondo,

conforman el escenario de una obra: mitad comedia, mitad tragedia.

Transcurren los segundos sin el librero aún planteado. Ideas tachadas,

ideas no plasmadas.

Un papel en blanco que espera ser escrito sostenido con una mano

sin señas de vida y leído por unos ojos que no entiende lo que está trazado.

El telón se lebanta, la obra debe comenzar.

No hay más tiempo, no receso, la función he de iniciar.

¿qué hay del libreto?¿dónde el argumento y el actor principal?

El silencio de hace perceptible, a pesar de la tenue rádio musical.

Desánimo, un suspiro y la sensación de aflojar.

Repentinamente, se escucha una risa, juguetona y jovial,

demasiado conocida para ser real. ¿De dónde proviene tal risotada?

Difícil de creer, pero es de aquel papel en blando; el cuál, esperaba ser

un manuscrito. ¿De aquel papel ? Imposible, no puede ser!

Aún, hay más, ya risa está cesando y ocupa su lugar un llanto.

Tan profundo, tan triste, que da pesar sólo escucharlo.

El papel tiene vida! Está trazado en él toda un biografía:

alegrías y tristesas, llantos y risas, años de espera y momentos de dicha.

Ahora, todo es tan claro de leer, demasiado evidente.

¿Como no pudé ver lo que expresaba?

Un espejo, un rostro idéntico pero con una triste mirada...