sábado, 13 de noviembre de 2010

Eccentricity

Hoy volví a sucumbirme en mis pensamientos a mitad de clase.

Estos días no han estado a pedir de boca. Hace algunos años me percaté que a más estrés más propensa a la perturbación estoy. Hoy después de tiempo me perdí, a mitad de clase, en mis pensamientos. Por unos instantes perdí la visión y se ensordecieron mis oídos tras escuchar una canción que cantaba un compañero sentado al lado. El tono se quedó resonando mi tímpano y sin darme cuenta yo estaba cantando la canción. Al advertir tal hecho mi cabeza se nubló. Volví a la garganta anudada, a los ojos llorosos, a las noches de insomnio, a mis escritos horrorosos, a las canciones lastimosas, a los corazones rotos, a los temores camuflados y a la autoestima deplorable. Mi estómago se inflamó y sentí dentro un bulto desgarrador. Quise expulsar mi malestar y mi aflicción, mi canto y mi voz, mis rezos y mi desesperación. Quise desterrar al ser que habitaba en mí y me obligaba a llevarlo. Ideé tretas para deshacerme de él, para lastimarlo y transmitirle mi dolor. Pensé en la cuchilla con la que me había tentado o en las agujas que me había clavado. Proyecté dejarlo sin el Ventolin que necesita para vivir o sin el Avamys que requería para dormir. Consideré doparlo con sedantes o quizás empujarlo del puente en un descuido.

El vértigo se hizo presente al pasar por aquel puente e imaginar al ser tendido y despedazado.

Como una corriente eléctrica algo me empujó y me aproximó al vació. Imaginé al cuerpo tendido y la sangre corriendo. Pude percibir nuevamente la garganta anudada, los ojos llorosos, las noches de insomnio, los escritos horrorosos, las canciones lastimosas, los corazones rotos, los temores camuflados y la autoestima más deplorable que antes.

11/11/10

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