Hace mucho desde la última vez que escribí. Las palabras me abandonaron o quizás nunca lo hicieron y simplemente fue que no quisieron salir. Mi historia tuvo algunos giros aunque no sé si llamar así a los altibajos, rachas buenas y malas, que tengo de vez en cuando. Me ilusioné, viajé, dejé a gente querida, me desilusioné ni bien llegué, conocí gente nueva, amigos, enemigos, tuve problemas, tuve noches buenas, problemas, risas a carcajadas, llantos, probé muchos dulces (engordé). Conocí el frío, la lluvia, respiré bien, respiré mal, problemas, frío, perdí mi cámara, dolor físico, dolor espiritual, busqué. De cierto modo me acerqué más a Dios pero ello fue por necesidad. A mi madre, mi familia materna. Buscaba sentirme cerca de él porque así más cerca de ella estaba. Nunca me he llevado demasiado bien con el catolicismo e insisto catolicismo no era lo que buscaba pero recordaba que los cantos me hacían sentir bastante bien.
Mi padre, no sé si realmente lo extrañaba. Solo recordaba que cada vez que se presentaba la situación discutía con él y ello perduraba en las llamadas que me hacía, aunque admito que fue culpa mía. Recién supe que lo había extrañado cuando me recibió en el aeropuerto haciéndose espacio entre la gente para que lo viera e, inesperadamente, me puse a llorar mientras me abrazaba. En ese momento, al ver las arrugas de su rostro y la emoción en sus ojos, supuse que había transcurrido mucho más tiempo del que pensaba y que la distancia entre ambos había disminuido. Por primera vez no me importó llorar en público, por primera vez no me importó llorar.
No pasó mucho para darme cuenta de que las cosas no había cambiado mucho. Todo seguía como lo había dejado, todo seguía como si nunca me hubiese marchado.
La universidad, las amistades. Me reincorporé a clases y todo lo sentí más pesado: mis ojos cansados, mi sueño acumulado, los amigos extrañados. No sé cómo formé nuevas amistades al poco tiempo de volver y menos sé cómo perdí a una amistad a la que apreciaba aunque, sinceramente, no sé si fuimos amigos de verdad o simplemente compañeros de soledad. Y menos sé cómo esa relación se rompió.
Han ocurrido varios movimientos en mi monótona historia desde la última vez que escribí. Algunas cosas se perdieron en las lagunas de mi memoria y no he podido recobrar, mas guardo las sensaciones que me dejaron. Recuerdo que más de una vez, en los más de un momento de confusión, he estado propensa a caerme y no he sentido figurado, sino en el más físico y real. En esos momentos creí que de caer me quedaría tendida, llorando desconsoladamente y sin tener fuerzas para levantarme. No creí que podría soportar una caída pero hoy, después de todo este tiempo, me caí. Una serie de recuerdos me invadieron en ese momento. Por unos segundos me vi como una niña pequeña que cae tras intentar dar sus primeros pasos a punto de llorar mientras sus padres se aproximaban a recogerla. Me invadieron las ganas de llorar al sentirme torpe y débil. Mi madre se acercó a ayudarme. Me quedé varios segundos en el suelo por el dolor de la caída. Estuve a punto de llorar y de pronto me di cuenta de que la caída no dolía tanto como la había imaginado. Me levanté, caminé y pensé "Hace mucho desde la última vez que escribí"
No hay comentarios:
Publicar un comentario